Cuando los niños trabajan en la minería, lo hacen en los sectores informales, una actividad que suele ser marginal, pco rentable y desprotegida.
Esto implica, por ejemplo, que se trata de un trabajo que exige mucho esfuerzo físico y riesgos considerables. El esfuerzo infantil excesivo pone en peligro el desarrollo físico, emocional y formativo de los niños.
Además, el trabajo en la minería los expone a peligrosos contaminantes físicos y químicos, por ejemplo el polvo, que ocasiona enfermedades respiratorias que pueden llegar a ser muy graves. En cuanto a los tóxicos químicos, en la minería del oro -por poner un ejemplo-, los niños que trabajan están expuestos a substancias como el arsénico (asociado geológicamente a los yacimientos de oro y que puede producir alteraciones en la piel, pérdida de sensibilidad, cáncer de piel, de pulmón y de hígado, y finalmente la muerte); al cianuro (utilizado para capturar el oro del mineral, y que puede producir, según la dósis absorbida, desde dificultades respiratorias y taquicárdicas hasta la debilidad mental y la muerte); al mercurio (utilizado especialmente en la minería artesana, que es donde encontramos el trabajo infantil, y que afecta al sistema nervioso: temblores, excitabilidad, insomnio, pérdida de memoria, retraso intelectual, delirios...); y a otros metales pesados, como el cobre, el cromo y el plomo, también altamente tóxicos.